El fracaso como aprendizaje Tampa

Miércoles, 17 Septiembre   

Dentro de la población que ya ha emprendido alguna vez, este factor psicológico sólo influye en el 30% de los casos. Así pues, una vez superada la predisposición inicial a rechazar la incertidumbre inherente a la creación de un negocio propio, los emprendedores españoles muestran características psicológicas distintas a la del resto de la población, mostrándose menos adversos al riesgo y más dispuestos a reemprender.

En este sentido, una nueva cultura se está gestando en la que el fracaso se percibe cada vez más como una oportunidad de aprender de los errores previos para así poder tener más éxito en las futuras iniciativas. Este cambio de mentalidad, inspirado en la cultura anglosajona, queda documentada en estudios como el del Boston Consulting Group (2002) que sugiere que los “re-emprendedores” que han sufrido un fracaso alcanzan unas rentabilidades superiores a los que no poseen experiencia previa. El fracaso se convierte de esta forma en un mero paso en el proceso de experimentación hacia la aventura de emprender con éxito.

Como consecuencia de este cambio, la quiebra de una empresa ya no significa necesariamente el final de la carrera de su fundador. Así lo acreditan las reformas de las leyes de insolvencia aprobadas recientemente en varios países europeos que, al igual que lo estipulado por el capítulo 11 de la ley estadounidense de bancarrota, se acercan a un sistema más conciliador hacia los deudores, facilitándole la tarea a los emprendedores fallidos de volver a lanzar un negocio. La ley de insolvencia alemana, estipula por ejemplo que las personas físicas quedan “liberadas” del remanente de sus deudas al cabo de un periodo de 6 años (el denominado “Wohlverhaltensperiode”), teniendo así la posibilidad, al cabo de unos pocos años, de establecer una nueva empresa sin cargar con las deudas contraídas por el negocio previo.